Si estás alojado en Almuñécar y no has ido a Salobreña, te estás perdiendo algo. Está literalmente a la vuelta de la esquina y es de esos sitios que te dejan con la boca abierta nada más verlo llegar.
Lo primero que ves ya lo dice todo
Cuando te acercas desde la carretera aparece este impresionante pueblo blanco encaramado a un peñón y coronado por un castillo árabe. No hace falta buscar nada. Él solo te llama.
Sube al castillo
Esta fortaleza del siglo X fue palacio de descanso para la realeza nazarí. Desde lo alto de la Torre del Homenaje las vistas son un espectáculo de 360 grados: el verde de la vega, el blanco de las casas y el azul infinito del mar. Son unos 15 minutos subiendo a pie por el casco antiguo. Merece cada paso.
Piérdete por sus calles
El casco antiguo está lleno de casas blancas tradicionales, balcones floridos y plazas acogedoras donde descubrir pequeñas iglesias, tiendas artesanales y rincones con encanto. Sin mapa, sin prisa. Esa es la manera correcta de visitar Salobreña.
La Caleta: el rincón que más gusta
Es un barrio tranquilo de pescadores con solo unos 700 habitantes, calles empinadas y pequeños bares acogedores. Tómate un café en una terraza mirando al mar y no tengas prisa por irte.
Y de postre, delfines
Desde la Cala Caletón es frecuente el avistamiento de delfines cerca de la piscifactoría al atardecer. No está garantizado, pero si aparecen, el día ya es perfecto

